viernes, 27 de febrero de 2015

Real.



       Recuerdo que cuando llegamos nadie nos esperaba, así que decidimos arreglarnos y salir a las calles en busca de la gente. Lo mejor de todo, era que a la mayoría de los que pasaban por ahí les gustaba vernos y más en vísperas navideñas.
Había bastante gente a la cual convocar, además de muchos pequeños que nos sonreían y señalaban, también cabe contar que había una enorme vendimia alrededor. Era excelente porque con eso mucha gente nos veía, las tiendas y puestos provocaban que no fuera tan frio el ambiente. 
En aquellos instantes se me acerco un pequeño que con un escape decidido de los brazos de sus padres, un especial brillo en los ojos con los que se me quedo viendo  y yo a él, había una luz de esperanza que no había visto antes, miro con alegría mis alas artificiales como si fueran de verdad, vio mi aureola de mentiras con profundo respeto y mis ropas ligeras y sandalias con admiración.
El pequeño junto sus manitas y me dijo –Hermoso ángel, ¿puedo pedirte algo? ¡Por favor! ¿Puedes… traer de regreso a mi hermanito?-
En aquel instante el mundo se detuvo así como mi respiración, sentí un nudo en la garganta que se amarro aún más al percatarme de la dolorosa mirada de los padres, sinceramente no sé de donde saque fuerzas. Así que me incline hacia el pequeño para mirarlo directamente a los ojos y le expliqué. –Espero me disculpes, pero no cuento con el poder para traer a tu hermano.- El niño agacho la cabeza a punto de llorar.
-Pero ¿sabes?- le continué diciendo. – Él te quiere mucho y en realidad está todo el tiempo contigo.- El pequeño levanto la mirada con esperanza renovada. –Yo te prometo y garantizo que en un futuro volverás a verlo y estarán juntos-. En ese instante el niño sonrió y no espere lo que pasó a continuación, el niño me abrazo con todas sus fuerzas y sus padres sonreían con una lágrima a medio camino de sus mejillas.
Y así fue como el pequeño se despidió y regreso a los brazos de su madre, el papá me susurro un –gracias- y desaparecieron entre la multitud, el mundo volvió a girar como siempre y la gente de alrededor. 
Para mí fue y seguirá siendo impresionante que yo siendo un ángel de pastorela, un ángel de mentiras, me haya encontrado en medio de una multitud con uno de verdad, con un ángel real.    

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