Había
una vez un hombre que tuvo un problema desde pequeño, el problema consistía
en que una mano le temblaba pavorosamente de un lado a otro. ¿Te imaginas cada
que tuviese que comer u... otras cosas?... pero bueno, él tenía un excelente
trabajo donde era perfecto, le ponía azúcar a los churros que se venden por
Ciudad Universitaria.
Repentinamente
un día en un extraño espacio de la UNAM, entre las islas de central y la
biblioteca, encontró una lámpara muy hermosa y a pesar de su problema logro
frotarla, así fue que surgió de ella un genio robusto vestido de estilo árabe,
no era una lámpara cualquiera, era una lámpara mágica.
Genio
-Amo, es usted quien me ha sacado de esa celda por el momento y por ello (según
las reglas) le cumpliré tres deseos, pero pídalos sabia y claramente, de lo
contrario podría usted arrepentirse.
Al
hombre le dio mucha alegría, parecía que había encontrado una solución a todo.
Hombre
-¿Tres deseos? ¡Que felicidad! Entonces… Deseo tener… la otra mano igual.
Genio
– Amo ¡sus deseos son órdenes!
Le cumplió su deseo: puso ambas manos en tembladera. Al darse cuenta de
esto, el hombre se enojó y grito:
Hombre
– ¡No genio! ¡Las quiero al revés!
Genio
- ¡A sus órdenes amo!
A
lo cual sus manos quedaron exactamente al revés y temblando (peor tantito). El
deseo enfureció más al hombre.
Hombre
- ¡No! ¡Idiota!
Genio
– ¡Si amo!
A
lo que nuestro pobre hombre quedo como tal.
Hay que tener mucho cuidado a la hora de desear.
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